domingo, 3 de febrero de 2013

CAPITULO 2.

Nos dirigimos hacia el hotel. Cuando llegamos nos dieron a todos las llaves de nuestras respectivas habitaciones y nos dijeron que teníamos media hora para colocar todo y volver al vestíbulo. Y así fue, yo compartía habitación con Ana y con otra buena amiga, Mar. Organizamos y colocamos todo. Antes de bajar fuimos al baño y nos arreglamos un poquito ya que del viaje habíamos llegado con unas pintas...
Entre una cosa y otra Ana y Mar bajaron y me quedé yo sola. Cuando me dí cuenta llegaba tarde, bastante tarde, así que salí corriendo de la habitación. Llamé al ascensor, pero estaba ocupado y decidí bajar por las escaleras. Con las prisas no me di cuenta de que un chico estaba subiendo, así que me tropecé con él y caí al suelo.
-Perdona, ¿estás bien?- me dijo aquel chico mientras me ayudaba a levantarme.
-Sí, lo siento, es que con las prisas ni me fijé de que estabas.- le miré y vi a que era guapísimo: ojos verdes, pelo rizo, y una sonrisa perfecta de lado. En ese momento me sentí algo incómoda.
-No pasa nada. Además que nunca viene mal tropezarse con chicas guapas.- me sonrió.
-Eh...gracias...- me ruboricé- perdona es que tengo mucha prisa, adiós.- le dije.
Salí corriendo, bajando las escaleras de dos en dos, pero me fijé en que aquel chico me seguía mirando, en cierto modo me sonoba, como si ya lo hubiera visto antes.
Cuando llegué abajo, la Srta. Pérez, mi profesora, ya había comenzado a dar la charla. Al verme llegar tosió y me fulminó con la mirada. Yo me coloqué al lado de Ana y me callé. 
Nos explicó el plan, los horarios de las comidas, los toques de queda,etc. Como era el primer día, lo que haríamos no sería gran cosa, así que comimos, nos fuimos a dar un paseo por la ciudad para conocer los alrededores y luego volvimos, cenamos y nos fuimos a dormir. Todos estábamos muy cansados, yo incluída pero por alguna razón no era capaz de conciliar el sueño. Ana y Mar ya estaban dormidas, lo que me hizo ponerme nerviosa y decidí ir al bar de abajo a tomarme una tila. Me vestí con lo primero que encontré y bajé.
Me senté en la barra, pedí una tila y como tenía algo de hambre también un cacho de bizcocho. Nada más traermelo me lo comí en seguida. Tardé más en tomarme la tila, ya que nunca me gustó demasiado. Miré a mi al rededor y me fijé que en un pequeño sofá estaba el chico de las escaleras. Tenía el móvil en las manos y parecía que estaba en otro mundo. Así que me dediqué a mirarlo, era verdaderamente atractivo y me seguía sonando de algo, pero no sabía de qué. De repente, él se giró y se dió cuenta de que le estaba observando. Morí de vergüenza. Sin embargo, me sonrió y se acercó a mi.

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